Palabras de Susana Fiorito
LOS ARCHIVOS DE Si.Tra.C. Si.Tra.M.
El presente sitio web que alberga los archivos de Si.Tra.C. y Si.Tra.M., es posible gracias al esfuerzo de varias organizaciones e instituciones, pero fundamentalmente se puede concretar gracias a la generosidad de Susana Fiorito, quien no solo ha conseguido rescatar el material que hoy ponemos a disposición pública vía Internet, sino que ha dado testimonio sobre tan importante historia dentro del mundo obrero en Argentina. Ella, mejor que nadie conoce sobre sus orígenes, y ella mejor que nadie, consigue explicar la razón de ser de estos archivos. Vaya entonces por delante su testimonio, el cual forma parte también de esta historia.
Vine a Córdoba invitada por militantes de Vanguardia Comunista para colaborar con la Comisión Directiva de SiTraC en la edición de un periódico. Discrepaba totalmente con la definición de la sociedad argentina y la estrategia que proponía VC para la revolución en Argentina. Respetaba su honestidad, su militancia y sus pautas organizativas. Yo tenía experiencia en el periodismo político, tanto en la redacción como en los aspectos gráficos.
Fui presentada a la CD de SiTraC a fines de noviembre o principios de diciembre de 1970. Me reunía diariamente con miembros de la CD (más frecuentemente con el secretario de Prensa, Rafael Clavero, el S.general Carlos Masera y el Adjunto Domingo V. Bizzi). Hasta que se alquiló el local en el centro, las actividades de la CD se realizaban en el domicilio de Carlos Masera, en la misma casa en que vive ahora, en barrio Empalme.
Nunca entré a la planta de Concord, (donde el SiTraC tenía un local) aunque asistí a todos los actos que se realizaron en puerta de fábrica. Para ¿marzo? de 1971 el sindicato alquiló una casa en la calle San José de Calasanz casi esquina Boul. San Juan y desde entonces ése fue mi lugar de trabajo.
Las tareas eran variadas, desde la limpieza de inodoros, o la cosecha de nueces a fin del verano, la redacción del material para el boletín y los comunicados de prensa, el manejo del mimeógrafo, tipeado de stencils y chapas de aluminio para Rotaprint, distribución de los comunicados a los medios (gráficos: Los Principios y La Voz del Interior, matutinos, y Córdoba, vespertino; LV2, LV3 y Radio Universidad-Canal 10).
No recuerdo haber ido a Canal 12 (tal vez no existiera). Hacía los recortes de diarios/revistas y guardaba todas las publicaciones que llegaban al local (en el archivo se encuentran las de 40 organizaciones políticas y sindicales diferentes). También recibía y trasmitía información del-al hormiguero de estudiantes, militantes políticos y sindicales que pululaba en el local por las tardes. Nunca asistí a las reuniones de CD ni redacté actas, y, de hecho, los libros rubricados que se conservan no tienen ni una página escrita; creo que estaban en el estudio del Dr. Curutchet.
Trabajé en relación estrecha con Carlos Masera, Domingo V. Bizzi, Santos Torres, Rafael Clavero, Francisco Páez, Gregorio Flores, Luis Argañaraz. A todos ellos, menos a Argañaraz, los he seguido viendo a lo largo de los años. Páez murió y con Clavero perdí contacto a fines de los años ’90. A otros activistas los veía en sus nuevos lugares de trabajo o en sus casas durante la dictadura, en viajes de un dia, una vez por mes.
Después del decreto de disolución de Si.Tra.C., seguí colaborando en los trámites Judiciales (juicios por reincorporación que llegaron hasta la Corte Suprema de Justicia), en la obtención de medicamentos para las familias de los despedidos y en las relaciones con la prensa hasta julio de 1974, en que por razones familiares tuve que volver a Buenos Aires.
Todo el material, menos los IV cuerpos del archivo judicial, quedó en mis manos y lo llevé a Buenos Aires en 1974: los 400 despedidos de Concord y Materfer estaban en listas negras, el local ocupado por fuerzas de seguridad, las órdenes de captura estuvieron vigentes durante meses. Cuando se produjo el golpe de estado y se instaló la dictadura, dividí las carpetas en 4 o 5 grupos y las repartí en casas de tías ancianas, o de viejos inmigrantes alejados de su militancia juvenil, y en departamentos lujosos de impecables empresarios. Hasta alguna carpeta pasó años en las oficinas de un organismo internacional. Los 4 cuerpos del expediente judicial los encontré en 1984 sobre la tapa de un armario, en una oficina de la Secretaría donde se había tramitado.
Ni siquiera estaban en “archivo” ni, por supuesto, en “letra”: se los habían olvidado juntando polvo sobre un armario. A mi misma me parece imposible ahora haberlos encontrado. Creo que estaba tan identificada con esa historia que mi cuerpo reconocía los papeles, aunque mis ojos no leyeran las carátulas.
Es necesario aclarar que nada se fotografió: todo el archivo se manejó -desde 1971 hasta que se microfilmó- en el soporte papel original. En soporte papel se clasificó (desde 1974 a 1976), y se hicieron los índices (desde 1976 hasta mediada la década de los ’80).
Íbamos sacando de su escondite los documentos originales, carpeta por carpeta, rotulábamos y hacíamos los índices; son 18.000 folios, y no contábamos con ninguna fotocopiadora ni otro medio de duplicación.
Para hacer el trabajo tuvimos muchos años ¡toda la dictadura! Éramos dos. Supongo -porque nunca se lo pregunté- que N. llevaba a su casa cada carpeta que yo le daba, y que trabajaría en el galpón de herramientas, en su casita del camino Negro. Yo hice un acuerdo con mi jefe, y me quedaba fuera de hora –de 18 a 20- en la oficina de un insospechable organismo internacional, tipeando los índices, con una gata en el regazo.
Creo que no pretendimos reunir nada. Mientras Si.Tra.C. fue “legal” guardé los papeles, por iniciativa propia, supongo que por mandato genético, porque nunca nadie me instruyó (ni sobre el archivo ni sobre ninguna tarea, ni siquiera Curutchet daba instrucciones: en aquel momento dirigentes, militantes y simpatizantes hacíamos espontáneamente las tareas, porque estábamos montados en la ola, surfeando el alza de la conciencia polìtica). Lo que pretendimos, no muy concientemente, fue salvar todo. Del enemigo. De la cana, de los burócratas, del olvido. Estábamos convencidos de que hacíamos Historia, con mayúscula, y queríamos que esa Historia sirviera a los que vinieran después.
En mi caso (nunca hablé de esto con N.) ya en 1957 había sentido curiosidad por las huelgas de peones de la Patagonia (1921/22) y había hurgado en los diarios viejos y en los archivos que gentilmente me abrieron militantes anarquistas. La ausencia de fuentes, la pérdida de la experiencia para los obreros de las nuevas alzas, me marcaron: cuando llegué a Córdoba, los obreros de Fiat estaban “inventando” el clasismo, porque ninguno de ellos había podido saber nada ni de la huelga de 1905, ni de Sacco y Vanzetti, ni de la Semana de 1919…, el 1º de mayo era “La Fiesta” de los trabajadores, y Perón había inventado los sindicatos. Muchos años después, a pedido de militantes españoles, y gracias a ellos, que me consiguieron una parva de documentos que no podían guardar en la España de Franco, hice una historia (también con cronología y transcripción de documentos), de las COMISIONES OBRERAS, contrastando la línea de las orientadas por el Partido Comunista Español con la de las que eran marxistas “de verdad”. Ojalá les haya servido a los militantes españoles.
Cómo se forjó el presente archivo
El “equipo” fuimos dos militantes, con el apoyo de muchas personas, algunas por convicciones ideológicas, otras por razones afectivas, otras… no sé por qué. El funcionario internacional que arriesgó su puesto, bajo la dictadura, dejándome trabajar 2 horas por día, durante 4 años…¿por qué lo habrá hecho? Seguro que tenía conciencia del valor de las fuentes para la historia; pero nunca tuvimos tiempo de que le contara la historia…. Era uruguayo, y, para 1976, del SiTraC no se acordaba nadie, ni en la Argentina.
Apoyo técnico, financiero, o teórico, no tuvimos. N. había sido empleado de una compañía de seguros hasta que lo despidieron, y yo tenía título de maestra normal, de manera que la historiografía y la archivística no existían para nosotros. Dinero no buscamos nunca, porque éramos militantes, responsables de poner las herramientas que la clase obrera nos había dado, al servicio de la clase obrera que vendría.
No tengo acá los comprobantes para registrar las fechas, pero en cuanto terminamos el trabajo de los índices, nos pusimos en contacto (a través de James Brennan) con las Bibliotecas de las Universidades de Harvard y de Campinas y con el Instituto de Estudios Sociales de Amsterdam, que financiaron la microfilmación de todo el archivo: actualmente hay copias en esas tres instituciones y en la Fundación Pedro Milesi, que es también depositaria del archivo en papel. Ahora estamos tramitando la virtualización de las microfichas, para que el archivo sea de acceso universal.
La Fundación Pedro Milesi
No sé si es éste el lugar para hablar de la Fundación Pedro Milesi y Biblioteca Popular de Bella Vista (se trata de una sola institución). La idea surgió en 1981. Muerto Pedro Milesi, sus amigos y compañeros quisimos conservar la memoria de prácticas sociales que él y tantos otros concretaron en pueblos y ciudades, para mantener viva la conciencia de la clase obrera. Acompaño una biografía de El Viejo.




